Sobre el derecho a elegir la paternidad

Muchas veces, la ley corre detrás de la realidad que una determinada sociedad vive. En el caso argentino, podemos sentirnos orgullosos de ser vanguardia en varios asuntos; como el de identidad de género o el matrimonio igualitario, ambas normativas basadas en la libertad de elección de los individuos y su derecho a la dignidad.

Algo tan simple que, sin embargo, de repente se complejiza cuando se habla de maternidad subrogada. Vulgarmente conocida como “alquiler de vientre“, se trata de “una técnica de reproducción humana asistida (TRHA), destinada a parejas (de distinto o diferente sexo) y a personas solteras, que sufren alguna causa de infertilidad o esterilidad que les impide tener hijos propios mediante medios naturales o mediante otras técnicas de reproducción asistida de menor complejidad”, según explica el doctor Juan Pablo Rojas Pascual en un artículo.

El tema recobró fuerza de debate en los medios de comunicación, a raíz del anuncio de que Marley será padre a través de esta práctica. El conductor televisivo contó que no tiene pareja, pero su deseo encontró hoy el momento justo.

Con otros casos de famosos que hicieron lo mismo –Flor de la V, Ricardo Fort-, se sucedieron las opiniones, algunas que parecen haber sido transmitidas en directo desde principios del siglo 20. Un conocido periodista dijo, sin ponerse colorado, que “no está bien ser padre solo. ¿Para qué quiere un hijo?”, y cuando le consultaron por qué él tuvo chicos, explicó: “Estaba casado, hombre mujer, y el mandato social era tenerlos”.

Una visión que a muchos les puede sonar indefendible, pero evidencia el sentir de una gran parte de nuestra sociedad, ya que el nuevo Código Civil admite como fuentes de filiación otras técnicas de reproducción humana asistida, pero deja “en el aire” la maternidad por subrogación.No la prohíbe, pero tampoco la regula.

Como sucede con el aborto, parece que no hablar del tema evitaría que suceda. Una actitud reaccionaria y poco valiente que termina empujando a los que sí tienen posibilidades económicas a cumplir su sueño fuera del país. La opción más obvia, la adopción, tampoco es un camino desprovisto de espinas y todos conocemos a alguien que se cansó de esperar a que aprueben su solicitud, mientras miles de chicos ven pasar su vida y escapar su chance de tener una familia, atrapados en ridículos laberintos burocráticos.

El Estado establece códigos de convivencia y sanciones morales para sus ciudadanos. Pero los tiempos corren a mil por hora y los viejos preceptos actúan de lastre para nuestra evolución.

Opinión por Analía Caballero. Crónica diario web